Dejando atrás a los miedos

Cuando dices no a lo que no quieres y decides hacer  lo que sí quieres, recuperas el control de tu vida y,  dejando atrás los miedos, puedes vivir en libertad.
Cuando dices no a lo que no quieres y decides hacer 
lo que sí quieres, recuperas el control de tu vida y, 
dejando atrás los miedos, puedes vivir en libertad.
Hace unos días un vecino de Coyoacán, una colonia de la Ciudad de México, me dijo que leyendo mi libro El curso de la vida le había recordado una historia de su juventud y quería compartirla conmigo.

Gustoso, este amigo aceptó que compartiera su historia en este blog pero, para permanecer en el anonimato, me pidió que para referirme a él usara el nombre de su abuelo: Abdel.

Cuando Abdel tenía 23 años, durante la guerra del El Líbano, un francotirador se apostó en una de las avenidas principales de la ciudad y comenzó a aterrorizar a todas las personas que a diario tenían que cruzarla.

Debido a la amenaza del francotirador, la vida de Abdel se convirtió en una pesadilla que le obligaba a cruzar a diario la calle en un coche a toda velocidad para llegar a su oficina y regresar a su casa, con el terror que le provocaba la amenaza del francotirador.

Después de muchos días, cansado de tanto miedo, Abdel decidió que no quería seguir viviendo amedrentando y aterrorizado por un desalmado con un rifle, y decidió tomar acción: Cruzaría la calle a pie fueran cuales fueran las consecuencias. Un desalmado con un rifle no le privaría de vivir su vida y disfrutar de su libertad ni un día más.

Y así, sabiendo que cruzar la calle podría costarle la vida, Abdel, con 23 años, que había tomado conciencia de que no quería vivir escondiéndose, decidió no huir más ni permitir que el francotirador controlara su vida usando como medios el miedo y el terror. 

En resumen: Ese día Abdel tomó conciencia de que vivir o morir en manos del francotirador no estaba en sus manos, pero que sí tenía el poder de cruzar la calle y dejar de vivir con miedo. 

En ese momento, tomando conciencia por primera vez de lo que es la verdadera libertad, Abdel se dirigió hacia el cruce haciéndose muchas preguntas: ¿Corro o no corro?¿Camino despacio o camino rápido?¿Me matará el francotirador o no me matará?

Cuando llegó a la esquina, llegada la hora de la verdad, libre de miedos dijo en voz alta: "Mi vida la decido yo. Si me mata me mata, pero ya no seguiré viviendo ni un día más esclavo del miedo y el terror" y decidió cruzar la calle paseando tranquilamente.

Al hacerlo sintió una fuerte descarga de adrenalina en su cuerpo, el tiempo se paró y todos sus sentidos se agudizaron. Y fue en ese momento cuando, como si estuviera siendo protagonista de una película, vio como la bala llegaba hasta él, como pasó muy cerca y como impactó después en el suelo. 

Abdel no sabe si el francotirador falló, o si él pudo ver con antelación la bala para esquivarla, o que lo que pasó es que no era su destino morir ese día. Sin embargo si sabe que la bala no lo alcanzó.

Lo sucedido le enseñó a Abdel que nadie tiene el poder de quitarte tu libertad si tu no aceptas entregarla, y que ni el francotirador ni nadie podía quitarle la vida una vez perdido el miedo.

Al día siguiente, Abdel le contó lo sucedido a un amigo italiano, que también estaba ya cansado de andar huyendo y escondiéndose, y ambos decidieron cruzar la calle paseando. Como en el día anterior, el tiempo se paró y ambos vieron la bala pasar hasta impactar en el suelo. 

En ese momento, apurando el café turco que nos estamos tomando, le pregunto a Abdel si vio la película de la matrix, en la que el protagonista puede ver las balas igual que las vio él, y me dice que sí, que vio la película y que verla fue como tener un deja vu porque eso mismo es lo que él vivió.

De todas formas, Abdel es consciente de que este tipo de cosas no se pueden contar ni se pueden explicar, porque este tipo de cosas hay que vivirlas.

También es consciente de que, igual que a él, estas cosas le suceden a muchas personas que viven guerras, accidentes o situaciones peligrosas. 

Hay que aclarar que no comparto esta historia para animar a la gente a que se vaya a una guerra a cruzar calles llenas de francotiradores, ni para que menosprecien el peligro de forma temeraria, sino para demostrar que dentro de nosotros se encuentra la fuerza y el valor que necesitamos para afrontar nuestros miedos, y que es sin miedos la única forma de vivir nuestra vida en libertad. 

También esta historia sirve para demostrar que nadie tiene poder sobre nuestras vidas si nosotros no se lo damos antes. El poder está en nosotros y sólo en nosotros. Somos nosotros los que tenemos que decidir: vivir en libertad, aunque sea desafiando a la muerte, o malvivir huyendo, aterrorizados y esclavos de nuestros miedos. 

Lo que le sucedió a Abdel demuestra el poder que tiene el ser humano cuando pone la vida de la muerte y la libertad por delante del miedo. 

Además, esta enseñanza le enseñó a Abdel a comprender que saber lo que no quieres es tan importante como saber lo que quieres. Porque lo que quieres es algo imaginado y no es real, pero lo que no quieres ya lo estás viviendo y por eso sí mucho más real. 

Esto no quiere decir que no haya que tener deseos ni sueños, ni tampoco que no haya que hacer planes en la vida. Sino que quiere decir que hay que prestarle atención a lo que está mal a nuestro alrededor para saber que es lo que no queremos en nuestras vidas y actuar al respecto. 

Dicho de otra forma: Tomar conciencia de lo que no quieres te ayuda a saber lo que sí quieres, que es exactamente lo contrario. Y es así, tomando conciencia de lo que no quieres y diciendo basta a esta situación, es como puedes llegar a lo que sí quieres, y es entonces, cuando dices no a lo que no quieres y decides hacer lo que sí quieres, recuperas el control de tu vida y, dejando atrás los miedos, puedes vivir en libertad.


Este diario recoge algunas historias y reflexiones sobre cosas que me pasan en este misterioso viaje que es la vida. Desde la posición de un observador registro algunas situaciones que se presentan ante mí.

Aunque lo intente, mi observación no siempre será acertada, muchas veces estará limitada por mis creencias y condicionada por mi forma de ver el mundo.

Aunque las historias que aparecen en este blog están basadas en hechos reales todas deben ser consideradas cuentos fantásticos. La realidad, para bien o para mal, es sólo una percepción y siempre está condicionada por nuestras creencias y nuestra imaginación.