Un paso adelante

Hoy, mientras caminaba por una calle de Coyoacán, en la Ciudad de México, me encontré esta imagen preciosa.

Alguien vio a una persona muy pobre durmiendo en la calle, fue a una tienda, le compró unos zapatos nuevos, y se los puso junto a su cabeza para que los encontrara al despertar.

Esta imagen, que vale más que mil palabras, demuestra que todavía quedan personas que, de forma anónima, y por amor a su prójimo, son capaces de darle a los demás sin recibir nada a cambio.

En estos días, en los que estamos viendo una injusticia, un violencia y una explotación brutal por parte de los más poderosos. Gestos como estos tienen un valor incalculable, porque demuestran que todavía la humanidad no se ha perdido.

Sin embargo, la realidad es que, ni los políticos, ni las multinacionales, ni las ongs, ni las religiones pueden salvar al mundo, porque el mundo somos todos, y los de arriba no pueden arreglar el mundo si los demás no colaboran.

Son las pequeñas acciones anónimas de nuestro día a día las que podrán hacer que vivamos en un mundo mejor, y como bien demuestra está hermosa imagen que comparto, serán los héroes anónimos, esos miles de millones de personas que se levantan cada día para realizar su labor, los que decidirán nuestro destino.

Hoy en Coyoacán, uno de esos héroes anónimos que nunca salen por televisión ni piden reconocimiento por sus acciones, uno de esos héroes anónimos que no dan discursos, ni venden remedios, ni ganan elecciones, dio un paso adelante para salvar al mundo y comenzó regalándole a su hermano un par de zapatos.

Este diario recoge algunas historias y reflexiones sobre cosas que me pasan en este misterioso viaje que es la vida. Desde la posición de un observador registro algunas situaciones que se presentan ante mí.

Aunque lo intente, mi observación no siempre será acertada, muchas veces estará limitada por mis creencias y condicionada por mi forma de ver el mundo.

Aunque las historias que aparecen en este blog están basadas en hechos reales todas deben ser consideradas cuentos fantásticos. La realidad, para bien o para mal, es sólo una percepción y siempre está condicionada por nuestras creencias y nuestra imaginación.